lunes, 9 de noviembre de 2009

KALEIDOSCOPIO; LA VISION DE LAS POSIBILIDADES:
Me bebo el libro de la escritora Graciela Salas en una noche, inmediatamente me diluyo en un espacio de imágenes dinámicas, me advierto rodeada de espejos -pequeños fragmentos- donde el paralelismo poético me toma de la mano y me acompaña con un ritmo tan natural como un repique de tambores.

Toda unidad de tiempo en un compás de soledades (ran-rata-plan-plan), sonidos estentóreos que despiertan la sensibilidad en la primera parte del libro nombrada: “Del Viento”… me detengo a pensar en este viento de ecos, mientras observo a través de la ventana las hojas inanimadas de los árboles y reconozco el encanto de “Del Viento” que se define en una estructura circular donde esa soledad es la fuente de calor que da origen al movimiento del aire.Esperando que la razón me acompañe me distraigo con la forma caprichosa de la estructura de cada verso y de cómo nos lleva a velocidad moderada en una carretera sin señalamientos (imagínense Uds.) donde la puntuación se omite para abrir una ruta a la libertad del ritmo y titulando su propia cadencia.

Enciendo una lámpara de luz tenue -no pretendo despertar a nadie - solo trato de iluminar el recuerdo de la Penélope-esposa, una mujer que se teje y desteje en la espera y que la escritora Graciela Salas la resguarda con maestría en la parte convexa del poema hasta donde pueda soportar los 20 años de fidelidad a un Odiseo casi inexistente, un sueño que se teje entre realidades. (Duna, duna, duna de vientos, Duna, duna, duna de vientos). Acodada sobre el libro, tengo la tentación de que los papeles sobre el escritorio se elevan, lanzándose en todas direcciones, intercalándose en el piso verde de la casa, sí, es un viento del norte, un viento que define un fragmento de cristal, un remolino de brevedad punzante, donde la sutileza acompaña a un lirismo casi enunciativo y las pertenencias del poema son nombradas: Heredad… “A mis hermanos”

(viento: ausencia de mi ausencia, viento: ausencia de mi ausencia).
Me llega un ritmo mágico, escucho un canto que conserva en la memoria las voces del soneto donde la composición poética distribuida en dos cuartetos y dos tercetos nos comparten el sueño de una esperanza donde entierra y desentierra los silencios finalizando magníficamente escribiendo “mas para arrancar la vida hay que romper mordazas”.

(viento, sueño de mi sueño, viento, sueño de mi sueño).
Aquí en este punto cardinal aplaudo la diversidad de color y la velocidad natural de la lectura que me deja sonreír y ubicarme en otro punto de la tierra…Pero este punto de “De la tierra” extrae el abismo de las palabras y reconoce en las heridas la presencia de la muerte, una muerte que se vuelve lenta a casi 150 millones de kilómetros del sol y que se convierte en un espacio temporal donde las voces se ahogan (no las de la escritora Graciela Salas) sino las voces que emanan del verso a una metáfora clara y justo en el lugar que le corresponde.

(Paz, paz De la Tierra, De la tierra, Paz).
Ahora estoy frente a una pila de libros, me acomodo en la mecedora y empiezo a sentirme pequeña, tanto que podría asegurar hundirme en las letras de Kaleidoscopio y pasar por la encrucijada continua de la existencia, me siento vulnerable y espero seguir avanzando; tan de la mano la vida de la muerte, dos rostros de la realidad, pienso en ello y me hundo en una riqueza reflexiva, mientras CONFESA se revela...
(De la Tierra al dolor, de la Tierra a la luz Confesa).
Confesa me hace rodar cuestabajo sobre la espalda de la muerte donde recorro a Gorostiza, a Manrique a Pizarnik, o el “Cerrar los labios” de José Carlos Becerra y me quedo un buen rato en esta parte del libro donde la intensidad se experimenta en cada línea, ofrece un bosquejo de reflexiones, una visión transfigurada en el mundo de la vida. Aquí la muerte no es un prisionero mudo, no aniquila sino que viaja e la serenidad de un sueño eterno.Hay una fuerza emocional y un canto no dedicado sino intimista, una construcción afanada que en la poeta es ritmo y melancolía.
(De la tierra un Olvido, de la muerte otro Olvido).
Me imagino a la escritora observando a través de la lluvia un barco de papel que se aleja, un barco de papel que abandonó la tierra ayudado por el viento y que lleva historia en su alma de fuego. Hay en relación a la parte anterior, una unidad temática aunque el animo se advierte más colorido, salen las imágenes a flotar sobre espejos y nos invitan a leer Kaleidoscopio.

(Del fuego al prima, del prisma al kaleidoscopio).
Escojo un canto de mujer poderosa, una mujer que se ofrece a su destino, a ese camino escrito que se manifiesta en unos versos a la hija de Octavio Paz y Elena Garro. Y se revelan un aire de palabras, donde la Sibila es definida bajo la sombra de la luna y escribe sobre la arena su designio.


(Del fuego la sombra, de la sombra la mano de la Sibila)
El fuego destruye lo escrito en los libros de la vida, el fuego amenaza el poder de los reinados, las civilizaciones, los laberintos, los torbellinos de papel. Así que después de calcinada la muerte ¿acaso la vida nos espera?. Tengo en mis manos una serie de autorretratos, en ellos se ve materia viva, en este caso el escribir de nuevas composiciones estructurales que son parte del universo poético y va comprendiéndose en una forma dominante la condición creativa del autorretrato.

(De la vida surge una imagen, De la vida un Autorretrato).
Caigo en un mundo de abundancia, que me recuerda al color rojo del fuego, entro a una zona de soles, donde el dar se simboliza a través de “La Mascara” una mascara que representa también a la tierra, y a una dualidad de espejismos en el que se ilustra en unos versos cadenciosos el sentido de esa mascara “que todos llevamos dentro”.

(De la vida, dos enigmas, De la vida La Mascara).
La brisa del puerto de la Habana sobre este libro Del Agua, parece probar las paginas de sal en una libertad de identidades donde la personificación responde a un cultivo de versos iluminados. Dejo navegar Habana Mía tal como Graciela Salas nos motiva:

HABANA MIA
Argenta blanquecina resplandece en tus entrañas
Cubre con sus velos balcones cupulas torres y torreonesque erguidos de ancestral grandeza circundan tus espacios milenarios
Ciudad de portales y viejos ventanales Si, ¡Ciudad de las columnas!
Persistes en surgir teniendo el encanto de ser
Vive el candente bamboleo en tus mujeres Vive la mirada incitante de tus hombres
Por qué decir Habana mía si a ella perteneces
La metáfora continua se resuelve en el mar, ese mar interminable, repetible en un mar de amares, en un monologo de agua, elemento sujeto a la voluntad del lector.

Las determinaciones de carácter que enuncian la lírica que se vuelve canción donde la figura es el mar y el estribillo el amar, arroja afinidades ya identificables en la voz de autor. En una sazón de heptasílabos se refleja la luna en la proximidad de los límites del agua.

Y así, observo la presencia del Kaleidoscopio, una virtualidad a escala, a voluntad de nuestro propio reflejo, sí, nuestro propio reflejo, en ocasiones caprichosamente pasando de un transparente a un oscuro colectivo donde nuestra memoria es asistida por el viento, la tierra, el fuego, la vida y el agua. Advierto que Graciela Salas crea un espacio de emancipación espiritual, cargado de Trascendencia:

Adormecido anduve por el sueño
Más allá del camino de la vida
Navegando los mares con desdeño.
Sabio poeta el alma que no olvida
Como ascender el cúmulo con suerte
Para mirar la luz en despedida.
El amor es el puente que convierte
Nueve cielos brillantes del averno
Cuando llega el ocaso de la muerte.
Se fundirán los vientos del invierno

Nuevo Laredo te nombra en esta tarde para fundar en el ocaso un kaleidoscopio donde se observe “Graciela Salas, está volviendo”.

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